Tercera llamada, tercera
Tránsito y los cangrejos
José Luis Loyo Ochoa
Marzo 29/06



Veracruz, Ver. Mx. La majestuosa carpa en que esta convertido el País sigue su vodevil, y todos los contendientes se maquillan tras bambalinas para salir al escenario teatral, ahí estamos viendo a un Palillo, Medel, Cantinflas y al de las manos movidas Clavillazo y la genial Vitola, usted los debe de haber visto en alguna ocasión, entonces, de los mencionados escoja cual de ellos puede ser comparado con los actuales cómicos de esta nueva carpa llamada política mexicana.

La única diferencia entre los del siglo pasado y los actuales estriba en los sueldos, aquellos solo unos pesos por hacer reír a la chusma que asistía a sus actuaciones, los de ahora son millonadas de billetes grandes por cada actuación, los de ayer, hacían reír al público, los de ahora, después de subir a la silla nos hacen llorar a todos, como se habrá dado cuenta, entre los de ayer y los del hoy que vivimos la diferencia esta en los pesos que reciben, pero sobre todo, en la calidad, carpa de ayer la hacían verdaderos actores, sabían del hambre porque la sufrían en carne propia, los de hoy solamente se rozan con el pueblo durante las campañas, después, ganen o pierdan elección salen con los bolsillos tan llenos de billetes que sus tripas nunca gruñirán de hambre.

Crea usted que no somos pesimistas, solo vemos una realidad que el resto del pueblo, por esa su muy precaria situación (igual a la nuestra) se niega ha ver, movido por esa esperanza de los que ya nada tienen y desean creer en el milagro que les permita aspirar ha llevar el mendrugo para la familia, nosotros estamos en igualdad de situaciones, ni para pagar los estudios de nuestros hijos alcanza, pero el trabajo que desempeñamos nos obliga ha ver más allá de lo que el resto de este nuestro pueblo se niega ha aceptar, y es que los milagros no existen, son inventos que fabrican y enarbolan los religiosos para mantener a los pueblo sumidos en esa ignorancia que a ellos, esos religiosos, les permita seguir chupando de esa ignorancia del pueblo, si el pueblo despertara los clérigos tendrían que dedicarse a otra cosa, luego entonces a un pueblo creyente solo tienen que fabricarles milagro para seguir subsistiendo opíparamente ellos.

La clase política, sabedora de esta particularidad de nuestra gente solo tiene que explotar esa su acrecentada fe pueblerina, y todos contentos y felices, aunque solo sea durante las campañas con las promesas de que pronto habremos de estar mejor. Esas promesas del peje lagarto, mismas en las que el pueblo va creyendo, después de escuchar las nos mueven ha risa, no nos dan coraje, el pueblo quiere escuchar esas palabras huecas llenas de la falsedad que sale de boca de un político acostumbrado a mentir en todas sus presentaciones teatrales, lo único que nos preocupa es que queramos o vamos en el mismo barco llamado México, y si dejan que ese peje lagarto se alce de capitán de éste barco habremos de naufragar todos juntos, creyentes y escépticos.

A loa ricos poco o nada puede interesarles quien gane la presidencia, ellos tienen el dinero para ir en pos de nuevos horizontes dejando al resto que somos la mayoría sumidos en el naufragio y a merced de esa mar embravecida que nos habrá de devorar a todos los quedemos en un País sin esperanza, repetimos, no somos pesimistas, sencillamente por nuestra labor vemos atrás de esas bambalinas, y ahí observamos a esos cómicos desprovistos del maquillaje que usan para salir al escenario, les vemos llegar con un taco como único alimento y salir después de su actuación con los bolsillos cargados de billetes, dinero que ese pueblo pagó por una actuación creyendo que le sería beneficiosa para sus respectivas familias. A esa clase de políticos en nada les importa todo el pueblo que busca afanosamente acceder a un nivel de vida mejor que el que tienen ellos y sus familias, ellos, los políticos, buscan su personal beneficio, el mañana, cuando llegue, ya tendrán los bolsillos llenos de buenos billetes que les permitirán hacer oídos sordos a cualquier crítica de parte de se pueblo que ya nada podrá hacer en su contra, así es en México.
Y COTRARIO a nuestra costumbre que consiste en que una columna es un terma ha desarrollar, hoy habremos de exponer a la atención de la señora Directora de Tránsito Estatal el retroceso de los medios del transporte público en la modalidad de autobuses urbanos, mismos que ya estaban cuando menos en mejores respetos para el usuario, pero que ahora, desde el arribo a la dirección de la Licenciada Martha Montoya parece que han resultado ir como los cangrejos, para atrás, en absoluto perjuicio del usuario que, como siempre, es quien paga la incapacidad o solapamiento de quienes tiene a su cargo velar por el mejoramiento de ese servicio que es para la ciudadanía.

Veracruz puerto y Boca del Río no son exclusivos en esta materia, en la capital del Estado están en igualad de circunstancias, y seguramente si vamos a otras ciudades del estado veremos igual de retroceso en ese grupo de primates que ponen al frente de un volante.

De nueva cuenta la mayoría de los autobuses están con bocinas que van con ruido estridente sin el menor respeto al usuario, y si usted protesta por ese infernal ruido lo menos que puede recibir es una grosería de parte de ese primate que se quiere llamar conductor, eso, si el primate no está bajo el influjo de alguna droga o alcoholizado, ya que de estar en esas condiciones usted puede esperar desde una mentada de madre hasta un golpe para bajarlo de su camión, amén de que no van solos, de nueva cuenta acostumbran llevar con ellos al amigo o cómplice que le hace fuerte si algún usuario quiere reclamar su derecho a un viaje tranquilo.

La velocidad, ese factor que al menos en el Puerto de Veracruz hace ya dos años cobró un buen número de victimas, estando día con día a la espera de ver aparecer en los medios cuantos serían los muertos que dejarían ese día, cual si se tratara de cuotas ha cubrir, de nueva cuenta viene ha ser motivo de preocupación ciudadana, al día de hoy se registran choques, dejando solamente al herido correspondiente, quizá a al espera de que, cuando les den el banderazo nuevamente dejen las ganancias para las agencias funerarias.

Desde aquí, desde su columna, instamos a la señora Directora Martha Montoya para que, con el maquillaje que quiera, suba como usuaria a una de esas unidades del transporte público, pague su respectivo pasaje y constate personalmente la verdad que aquí en éste su espacio exponemos, le sugerimos que nos lleve tapones para los oídos, que tampoco lleve un rosario para ir rezando y santiguándose por el camino que recorra el camionero que la lleve, que se revista de mucha de esa sangre fría que todos los que tenemos la necesidad de hacer uso de ese tipo de transporte nos vemos en la necesidad de hacer acopio antes de subirnos a esa mal llamada unidades de pasaje.

Huelga decirle a la señora Directora que esos primates llamados conductores no habrán de saber el respetar a una dama, nunca lo hacen ni les importa que esa usuaria sea lo guapa que es Martha Montoya, lo del disfraz es para evitar que sea reconocida, lo que seguramente haría que el mono disfrazado de conductor condujera el vehículo con una amabilidad y corrección desconocida en su diaria labor. En verdad señora Martha, el retroceso de aquellos que al menos parecía que ya se había ganado es palpable, los primates vuelven a sus orígenes y no respetan ninguna regla del ordenamiento público, ellos ignoran que, aunque no lo crean, son servidores públicos y deben de servir con educación, amabilidad y respeto al usuario.

Si usted distinguida señora cree que por su investidura no deba subirse a uno de estos ataúdes de ruedas, envía a quien tenga la certeza habrá de rendirle un informe fiel de lo que constate en esa aventura de peligro que significa subirse a uno de esos mal llamados transportes urbanos. Y en la espera de que llegue hasta la dama representante del servicio de Tránsito Estatal, quedamos a sus ambles órdenes en nuestros correos electrónicos donde con gusto les atenderemos: loyocruceropolitico@yahoo.com.mx y loyocrucero@hotmail.com