Delincuencia generalizada
México es más que mafias

Por José Luís Loyo Ochoa


LO BUENO Y LO MALO AL IGUAL QUE LO BLANCO Y LO NEGRO SIEMPRE HAN EXISTIDO, TAREA CIUDADANA ES SABER ELEGIR LO MEJOR PARA NUESTROS HIJOS. J. L. L. O. 02/07/11


Veracruz, Ver. MX. En la época actual vivimos en un mar de confusiones, nos estamos llevar de la mano por los acontecimientos en los cuales, sin lugar a dudas, nuestra apatía y desinterés es lo que nos envuelto, las familias de hoy, en su mayoría, están desintegradas o disueltas, aquel ayer donde a la mesa acudían los padres a recibir los alimentos, aunque fueran paupérrimos y escasos, en compañía de los hijos han quedado muy atrás.

En esas sentadas familiares los padres se enteraban de los quehaceres de sus hijos y esos eran los momentos oportunos para, sin titubeos, poner en orden sus andanzas, eran los tiempos en que los padres se interesaban por saber quiénes eran las amistades de esos hijos y, desde ahí saber si convenían cultivarlas o no, igual sucedía en las horas de la cena, todos se sentaban en la mesa y el dialogo, por regla general, se centraba en el saber de la conducta de esos hijos.

Cuando un padre o madre tenía dudas sobre la conducta de esos hijos o los amigos de ellos, se presentaban en la casa de quien surgiera esa duda, exponiendo a quien competía tales dudas y de esa manera se podía corregir a tiempo algún desvió de conducta, quienes tienen más de los cincuenta años de edad saben que estamos exponiendo situaciones ciertas, situaciones que al día de hoy se han perdido del todo. Hoy, la mayoría de los padres ignoran que amigos tiene el hijo en la escuela o en su barrio, que lugares frecuentan sus hijos, a donde se dirigen cuando van a fiestas, incluso cuando llegan a sus casas no saben en qué estado, si se drogaron o si se tomaron alguna copa de más, el padre o la madre se encierran en sus lamentaciones y olvidan que el deber de padres es el de vigilar la conducta de los hijos.

Los días del ayer, en las calles, un adulto tenía el derecho de observar cómo se conducían los muchachos, y lo más importante, si esas conductas no eran apropiadas acudían a la casa del muchacho para poner en conocimiento de sus padres la actitud del jovencito o niño, eran los tiempos en que se tenía conciencia del respeto a los mayores y, lo principal, esos mayores no abusaban de su calidad de vigilantes del comportamiento de esas juventudes, y ni que decir a las reprimendas de los maestros, desde los consabidos reglazos, cocorrones y jaladas de pelo o patillas hasta lanzada de gis o borrador según fuera el caso, y esa actitud se veía hasta en años posteriores, es decir, secundaria y preparatoria. ¿Quién no recuerda a un profesor Cortázar o a un profesor Consuegra?, y tantos otros de aquella época como en la primaria a la directora de la escuela Macías Consuelito Rosas de Gil?.

¡AH que tiempos señor Don Simón!, pero lo mejor estaba si el hijo se atrevía a quejarse con los padres, ahí venía la segunda tanda de cintarazos y de nalgadas, los padres de aquel nos decían, “si el profesor de sonó es porque algo malo hiciste”, y al día se presentaban a la escuela para escuchar de voz del maestro o maestra la conducta de sus hijos y, acto seguido corregirle.

Y CREA USTED, estimado lector, que de aquellas épocas ninguno estamos locos, ni retrasados y somos bastante menos los que salimos malos o rebeldes, ahí están un Papo Levet, Raúl Ramos, Manzanita, González Díaz, Miguel Sosa y tantos que escapan a nuestra memoria y espacio.

Repetimos, de aquellos años ninguno quedó tarado y menos aún fue carne de presidio, tanto a los maestros como a los padres de aquella época debemos mucho o todo lo que hoy forma esa parte buena que hoy queda de nuestro México y de nuestro Veracruz. Ni que decir de quienes recibimos ese tipo de educación, a la fecha no sabemos que alguno de nuestros hijos hayan ido por el mal camino, somos más los que supimos educarles en el camino del bien, a la fecha todo hijo nuestro, el que más o el que menos es profesionista o comerciante de bien, en verdad nos llena de satisfacción, a la mayoría de nosotros, los hijos que supimos educar y hacer ciudadano de bien en la medida de nuestras posibilidades.

Como decimos líneas arriba, lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro siempre ha existido.

Los momentos por los que atravesamos hoy consisten en la pérdida de aquellos valores que en ese ayer no enseñaban, tanto aquellos mentores que en verdad ejercían un apostolado de muy buenos maestros, como las riendas fijas que nos tenían nuestros padres y abuelos. ¿Rebeldes y reacios a las disciplinas?, siempre han existido, pero en esos tiempos esos reacios y rebeldes se tenían que adaptar a las conductas y normas establecidas en el seno familiar y en las escuelas, no existían los miramientos y menos aún se solapaba , flojos, al que no quería estudiar el padre o madre le metía al aprendizaje de un oficio, en donde el maestro tenía el consentimiento para reprenderle lo necesario en aras de aprender bien ese oficio.

De los aprendices de oficios cuantos grandes maestros salieron, y repetimos, ninguno loco ni a carne de presidio, todos ciudadanos de bien y productivos, pero sobre todo, buenos padres y a los hijos tratando de darles la misma educación recibida.

Sin lugar a dudas, esos tiempos fueron los moldes donde se forjaron buenos ciudadanos, esos que hoy estamos en contra de toda la ola de violencia generalizada en todo el País, y ni decir de quienes se hicieron sin padres cerca, aquellos que por necesidad tenían crecer bajo la tutela de algún familiar, ahí está como prueba de ello nuestro buen amigo Alfonso Salces, director y dueño de uno de los más prestigiados diarios del puerto, un hombre que solamente sabe que el trabajo es la mejor forma de vida, sobrino de los difuntos Fernando y Marcelino Fernández, los duelos de los cafés de la Parroquia. ¿Verdad que eran otros tiempos?

Aquellos días del ayer los profesores se sabían los nombres y apellidos de sus alumnos junto a los nombres de los padres y, aunque lo dude, la dirección de cada uno, y para su saber, en esos tiempos el número de alumnos por salón rebasamos los cincuenta muchachos, en primaria, la secundaria y preparatoria, ¿Cómo la ve desde ahí?, hoy, con veinte o treinta alumnos lloran los maestros y se jalan los pelos. ¿Mucha diferencia?, ¿Cuánta maldad, cuanta mafia y cuantos los malvados de aquel entonces?, como vemos, la situación que hoy vivimos nace sin lugar a duda en la actual desintegración familiar y la falta de apostolado de maestros, o diga usted contario, y por hoy hasta aquí llegamos recordándoles que nuestros correos están para servirles con el mejor de los gustos, pero sobre todo, recordándoles que la solución la tenemos nosotros y no solamente los gobiernos: loyocruceropolitico@yahoo.com.mx y loyocrucero@hotmail.com