Perdiendo tradiciones
Buenos, malos y peores


José Luís Loyo Ochoa
Diciembre 24/07



Veracruz, Ver. MX. Han pasado las posadas, con ello vamos viendo y comprobando que las tradiciones en nuestro pueblo se van perdiendo para dar paso entre algunos sectores, al muy productivo negocio de buscarse unos pesos para, algunos, poder subsistir y para otros andar buscando el billete para poder comprar su botella como pretexto para festejar la fecha.

Recordamos allá por los años cincuenta, cuando éramos niños, los de la barriada solíamos ir a cortar alguna rama de árbol para hacer nuestras ramas, los adornos solían a cargo de niñas y las sonajas era tarea de los varones, buscar en las tiendas las corcho latas para irnos a las vías del tranvía y acomodarlas para que, a su paso el pesado vehículo las aplanara y hacerle el hoyito donde pasábamos un alambre y listo, teníamos las sonajas que hacían las veces de acompañamiento en nuestros desafinados cánticos navideños.

Recorrer el barrio que, nacidos en la zona de lo que hoy se llama centro histórico, nos daba como recurso los antiguos cafés de chinos, y llegar hasta el tradicional café que estaba hasta el frente del templo que hoy es la catedral, todos ellos en la avenida Independencia, luego ir a la avenida Cinco de Mayo y retornar hasta la calle de Ocampo, donde hacíamos los cantos en la torteria de de don Cándido, que dicho sea de paso en tortas fue tradición veracruzana, y junto con las del bar el gallo y las de los tres pollos hacían el deleite del pueblo, tiempos idos que si vale la pena recordar.

Pero bien, esas ramas que se componían de chiquillos de la zona era motivo de reunión que hacíamos por esos días, y cuando otros chiquillos que no eran de nuestra zona se atrevían a invadir nuestro territorio, pero al hacerlo, mientras nosotros estábamos esforzando nuestros pulmones con los desafinados cánticos, ellos pasaban la charola dándonos gane con aquella moneda que la gente solían darnos como aguinaldo, con esas acciones se daba escaramuzas donde las ramas solían hacer las veces arietes que arriábamos contra de los intrusos que nos ganaban los centavos mientras nosotros cantábamos, huelga decir que nuestras ramas tenían entre sus adornos unos faroles chinos que llevaban velas encendidas, las cuales a la hora del episodio boxístico se prendían haciendo hoguera con la famosa rama.

Todos éramos chiquillos, en algunas ocasiones nos ponían de chaperón a una chamaca más grande o algún tío pasado de los quince años, pero a la hora de los agarrones todos entraban a la bola y nadie se salvaba de salir raspado o con un ojo morado, afortunadamente, sabidos que tendríamos esas escaramuza ya teníamos preparada otra rama para el día siguiente, que adornada con cadenetas hechas de papel de china en verdad que lucían bonitas, llevaban los colores que había en las tiendas, entonces no existían los hoy famosos súper mercados, esos que hoy han ido sacando de circulación aquellos famosas tienditas de barriada, esas donde los chamacos siempre recibíamos nuestro pilón en cada compra, el cual consistía en dulces que el tendero nos regalaba muy gustoso por preferir su negocio para las compras diarias y como casi siempre nosotros íbamos por los mandados, éramos los ganones.
Usted que os hace el favor de leernos sabe que recordar es vivir, seguramente quienes pasen de los cuarenta años les habrá tocado un breve espacio de aquellos tiempos que, repetimos a quien nos haga el honor de posar sus ojos en nuestro espacio, fueron tiempos en los que nos enseñaban lo que significa el respeto a todos los demás, y ni que decir de los mayores, esos que también sabían respetar a la chiquillada y con ello se ganaban más nuestro respeto, son esos valores que hoy están dormidos, pero que, como padres aún se pueden despertar como contratito del clima de inseguridad que se viene viviendo en nuestro días, existiendo respeto se da paso a otro tipo de vida que evade en mucho la violencia que hoy impera por doquier.

Si a nosotros nos enseñaron esos valores y los aprendimos, al grado de saber su significado y todo lo que pueden hacer en bienestar común, con toda seguridad que la nueva generación también sabrá aquilatar ese tipo de conceptos, aplicándolos para poder ir logrando el mejor nivel que tanto vamos necesitando todos. Espero no aburrirles demasiado, quizá sea por las fechas en que estamos y el tratar, con nuestro granito de arena, que todos pugnemos por que aquellos días del ayer en donde existía el auténtico concepto del respeto mutuo vuelvan con sus valores para enmendar ese camino que a todos nos toca recorrer en compañía de familia vecinos y conciudadanos, esos tiempos donde en los negocios no existían las rejas ni en las casas ni en los negocios, esos tiempos fueron bonitos, aún podemos hacerlos volver.

Y dejemos de aburrirles con temas que quizá nada les interesen, pero repito, son los días en donde también se hacen presentes en nuestros recuerdos todos aquellos que formaron parte esencial en nuestra vida, padres y hermanos idos, que reunidos en aquellas mesas largas en donde todos reían, espacios donde celebrábamos las puntadas de los abuelos, quienes como pilares de la familia estaban sentados en los lugares de honor en esa mesas, esperemos que todos pongamos nuestro granito de arena para, si no hacer volver aquellos tiempos cuando menos podamos mejor los actuales que estamos viviendo.

A todos quienes nos hacen el gran favor de leernos les deseamos lo mejor que la vida puede darnos, la salud tanto para uno mismo como para nuestros familiares, con ese don divino ya estamos ganando y podemos sonreír diariamente, y mientras estamos a esa espera usted no se olvide que, mientras no tengamos que rendir cuentas a un hacedor de todo, estamos para servirles en nuestros correos electrónicos con el mejor de los gustos, que la pasen bien: loyocruceropolitico@yahoo.com.mx y loyocrucero@hotmail.com